Políticas culturales
Visión x
Sabemos que existe a nuestro alrededor un gran cúmulo de información: podemos escuchar música que se está creando en los cuartos de ensayo de jóvenes que viven del otro lado del mundo por myspace, tenemos, como nunca antes, la posibilidad de conocer el acervo literario, musical, intelectual y audiovisual de otras culturas. Pero, acaso ¿No es vital en es en esta densidad de información interrogarse sobre lo que sucede en el campo de la propiedad intelectual, los derechos de autor, los medios independientes, los llamados permisionados y concesionados y todo lo que se da detrás de cualquier producción artística?
Pues, bajo esta fascinante interrogante, Visión X se ha dado a la tarea de sumergirse en ese mundo: “detrás del telón”, y ha comenzado un largo viaje en los rincones insospechados, casi secretos para el público, pero dominados por todos aquellos que dedican su vida y esfuerzo para que los conciertos, las publicaciones de libros, las películas, las obras de teatro, las exposiciones y demás manifestaciones artísticas puedan ser materializadas, así como, en las diferentes dinámicas culturales y sus mecanismos.
De allí que uno de los aspectos centrales de donde se puede partir es justamente la idea o los diferentes conceptos de lo que es conocido como “políticas culturales”. Las políticas culturales han surgido y se han desarrollado en la mayoría de países occidentales, a partir de cuatro grandes principios (Bonet): en primer lugar por el valor estratégico de la cultura como difusor de estándares simbólicos y comunicativos; en segundo lugar como base en la cual fundamentar las identidades colectivas, y por tanto las identidades de las naciones y de los estados; en tercer lugar, por tener efectos positivos, tanto económicos como sociales, al desarrollar la creatividad, la autoestima y una imagen positiva de las personas y los territorios; y finalmente por la necesidad de preservar el patrimonio colectivo de carácter cultural, histórico o natural. El término se refiere a aquellas acciones que genera el Estado para la preservación, difusión y generación de arte y cultura en el país.
Nestor García Canclini, por ejemplo, concibe la política cultural como el conjunto de acciones que realizan diversos agentes para orientar el desarrollo simbólico, satisfacer las necesidades culturales y obtener consenso sobre un tipo de orden social. Por otra parte, Edwin Harvey dice que las políticas culturales son un conjunto de principios operativos, de prácticas sociales, conscientes o deliberadas, de procedimientos de gestión administrativa o presupuestaria, de intervención o de no intervención, que deben servir de base a la acción del Estado que pretende la satisfacción de ciertas necesidades culturales de la comunidad mediante el empleo de todos los recursos materiales y humanos de los que dispone una sociedad en un determinado momento. Asimismo, María Sanz García plantea que “Una política cultural es una acción coordinada y orientada hacia objetivos múltiples que permite el cumplimiento de funciones sociales estratégicas, tiene como horizonte la expresividad y la creatividad de múltiples personas y grupos y es un importante instrumento de crecimiento social y político. Al respecto, la UNESCO dice que las políticas culturales son el conjunto de principios, prácticas y presupuestos que sirven de base para la intervención de los poderes públicos en la actividad cultural radicada en su jurisdicción territorial con el objeto de satisfacer las necesidades sociales de la población en cualquiera de los sectores culturales.
Así bien, el papel de la política cultural es el de analizar la realidad social- territorial para dar respuesta a problemas, necesidades y demandas de la población. Por otro lado, tienen el deber de posibilitar y canalizar la participación e incorporación de grupos para la acción, y también buscan ayudar a estructurar y construir las distintas demandas sociales, educativas, culturales. En México el Plan Nacional de Cultura es el documento que rige las políticas culturales que deberán llevarse a cabo durante el mandato de cada presidente. Dicho programa tiene el objetivo de que todos los mexicanos tengan acceso a la participación y el disfrute de las manifestaciones artísticas y del patrimonio cultural del país como parte de su pleno desarrollo humano. Insiste, también, en reconocer a las expresiones culturales como fuentes de aprendizaje, crecimiento y entretenimiento y como factores indudables de desarrollo económico y de generación de empleo.
En Antropología, Identidad y políticas culturales Rubens Bayardo afirma que en la actualidad el Estado sólo mantiene la gestión de los bienes tradicionales, emblemáticos y no lucrativos, y transfiere, por otra parte, los espacios modernos y rentables de la cultura hacia agentes privados capitalizados, convirtiéndolos en áreas de explotación comercial, mientras que niega apoyo a los agentes privados sin capital y a los agentes comunitarios. También plantea que cuando se piensa en un nivel más global de las políticas culturales se advierte la insistencia hegemónica de hoy de reducir todos los problemas a la dimensión económica, y que ello comporta una negación de la cultura como la recreación que los mismos hombres hacen de las relaciones entre sí y con la naturaleza, que no puede pasarse por alto en tanto empobrece ya no sólo la convivencia democrática, sino también la propia condición humana.
Es por ello importante indagar en el estado actual de las políticas culturales en nuestro país.